jueves, 11 de julio de 2013

Templo Haeinsa. Experiencia en un templo budista coreano.


Algunos templos budistas de Corea del Sur ofrecen la posibilidad de alojamiento y de participar en el programa llamado Temple stay. Me informé en qué consistía y lo valoramos como una interesante experiencia para adentrarnos un poco más en la cultura del país ya que el budismo ha sido una de las grandes influencias de la cultura coreana a lo largo de su historia y aún hoy una de las religiones con mayor número de seguidores.

Vista general Templo Haeinsa. Foto de: korefilm.ro



EL BUDISMO EN COREA

El budismo llegó a Corea desde China en el año 372 dC y se expandió rápidamente. En aquellos tiempos era el llamado período de los tres reinos: Goguryeo, Baekje y Silla, de tal manera que cada uno de ellos lo adaptó a su manera y no al mismo tiempo. Mientras que en los dos primeros fue la familia real quien empezó  a practicarlo, en el reino de Silla fue la gente del pueblo y no se reconoció de forma oficial hasta el 527 dC, pocos años después de que la religión se extendiera también a Japón.
En el año 668 dC el reino de Silla venció a los otros dos y se entró en el período de Silla Unificada, época en la que siguió prosperando.
Muchos años después, las cosas cambiaron bajo el reinado de la Dinastía Joseon (1392 – 1910), seguidores del confucionismo. El budismo fue decayendo o incluso perseguido por algunos dirigentes de la saga. Se prohibió la construcción de templos cerca de las ciudades aunque se autorizó que los monjes permanecieran en las montañas.
Sin embargo, a pesar de que oficialmente estaba prohibido, el budismo siguió teniendo muchos seguidores.
El budismo coreano ha desempeñado un papel de protector de la nación en tiempos revueltos como fue el caso de la invasión japonesa en el siglo XV, cuando los monjes se ofrecieron como soldados.
Hoy en día casi un 50% de la población es budista o sigue la forma de vida que plantea el budismo.


Templo Haeinsa


EN QUÉ CONSISTE EL PROGRAMA TEMPLE STAY?

Se define como un programa cultural que ofrece la posibilidad de experimentar más de cerca la cultura del budismo coreano y la vida diaria de un templo.
No es una cosa nueva ya que fue en el año 2002 -durante el mundial de fútbol- cuando los templos abrieron sus puertas a los extranjeros, indistintamente de la religión de cada uno.

Hay 16 templos repartidos por todo el país que ofrecen esta posibilidad, y cada uno de ellos adopta su propio programa, aunque con pequeñas variaciones.
En nuestro caso escogimos el Templo de Haeinsa debido a la importancia de este templo Patrimonio de la Humanidad, por ser donde se custodia uno de los mayores tesoros budistas del mundo, la Tripitaka Coreana.
Además, el Templo de Haeinsa está situado en un entorno natural precioso, en el Parque Nacional Gayasan.

Otra buena opción hubiera sido el Templo de Sinheungsa que visitamos en el Parque Nacional de Seoraksan. El entorno es también idílico aunque quizás no tenga tanta importancia histórica como Haeinsa.


Templo Haeinsa

No sé como funcionan exactamente los otros templos pero en Haeinsa hay que diferenciar entre lo que se conoce como programa Temple stay o la versión Free stay que es lo que hicimos nosotros.

El Temple stay consiste en dos días de estancia y actividades pero sólo se ofrece durante los fines de semana. El resto de días existe la posibilidad de acogerse al Free stay que consiste en alojarse en el templo y participar de las ceremonias de los monjes así como de las comidas, pero no hay un programa de actividades para los participantes que disponen de más tiempo libre, lo que me pareció igualmente interesante.
Quién acuda en fin de semana y se acoja al Temple stay, debe saber que las actividades varían de un templo a otro pero las más habituales son:

Yebool o ceremonia del rito budista
Cham-seon o meditación Zen al estilo coreano.
Da-do o ceremonia del té
Balwoo-gongyang o comportamiento en la mesa. Es un ritual que se lleva a cabo en completo silencio, sentados en posición de loto y evitando desperdiciar comida.



Templo Haeinsa en el Parque Nacional Gayasan

UN POCO DE INFORMACIÓN SOBRE EL TEMPLO


Fue construido en el año 802 aC por los monjes Sunung e Yijong, en el tercer año del Rey Aejang del Reino de Silla, tras su regreso de China. Su nombre significa algo así como “reflexión sobre un mar sereno”. Hay diferentes leyendas que difieren un poco entre ellas acerca de su origen pero lo que si es cierto es que desde su construcción ha sufrido varias reformas. En 1818 se reconstruyó prácticamente en su totalidad debido a un gran incendio.
Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1995.
El complejo tiene la forma que se asemeja a la de un barco navegando, símbolo del espíritu del budismo Mahayana, la escuela que se sigue en Corea.

Consta de diferentes estructuras comunes en todos los templos: las puertas de entrada, santuarios, altares, pagodas, academias, pabellón de la campana, dormitorios, comedor, etc.

Puertas de entrada: Los templos más grandes, como en este caso, tienen varias puertas antes de llegar al santuario principal siendo, la primera de ellas la puerta Iljumoon. La puerta Iljumoon de Haeinsa se llama también Honghamoon y es la más famosa de todas las Iljumoon debido a su belleza, armonía y paisajes que la rodean. 
Otras dos puertas, Bongwhangmun y Haetalmun separan la tierra de Buda de lo mundano.





El santuario principal o Daejeokgwangjeon, es el centro arquitectónico y espiritual del Templo donde se conserva la imagen del Buda Vairocana.
Sentado en la plataforma principal, está adornado con tallas de animales y flores que representan el Monte Sumeru.
En el exterior hay pinturas que cuentan diferentes escenas de la vida de Buda. 

Daejeokgwangjeon o santuario principal

Detalle exterior santuario principal


Otro edificio muy representativo es el Pabellón de la Campana. Bajo su techo se encuentran los cuatro instrumentos utilizados para anunciar las actividades diarias del templo: el tambor dharma, el pez de madera, el gong en forma de nube y la gran campana Brahma.
Cada instrumento tiene un sonido cuyo significado es salvar a los seres de otro reino.
El sonido del tambor salva a todos los seres de la tierra desde los humanos al más pequeño ser vivo y se considera el eco de los sonidos de las enseñanzas de Buda.


Pabellón de la campana (y resto de instrumentos)

Instrumento de madera en forma de pez 

El pez de madera salva a todos los peces, el gong con forma de nube salva a todos los seres del cielo mientras que la campana salva a los seres del infierno. Mientras suena (28 veces por la mañana y 33 por la tarde) los seres que se encuentran en el infierno se liberan de sus sufrimientos, las mentes se calman, el fuego del infierno se apaga y  finalmente se ve la luz del nirvana pudiendo escapar de la existencia cíclica.

Otra perspectiva del pabellón de la Campana

JANGKYEONG PANJEON Y TRIPITAKA COREANA

Una mención especial requiere el edificio Jangkyeong Panjeon, por sí solo una joya que alberga otra joya: la Tripitaka coreana. Tripitaka es una palabra del sánscrito, compuesta de “tri” y “pitaka” que se refiere al “gyeong”, “yul” y “non” que son, respectivamente, conversaciones con Buda, normas budistas de la vida ascética y comentarios sobre los sutras por monjes y eruditos eminentes.

La Tripitaka coreana es la versión más antigua y completa de escrituras, preceptos y discursos budistas grabados en el siglo XIII en 81.258 tablillas de madera. 
Los textos están compuestos por 52.382.960 caracteres hanja (chinos) organizados en 1496 títulos y 6568 volúmenes. Cada bloque de madera mide 70x24 centímetros con un grosor de 2.6 a 4 cm y un peso que oscila entre 3 y 4 kilos.
Las primeras tablillas se grabaron en 1087 pero fueron destruidas por los mongoles durante la invasión de Corea en 1232. Posteriormente, el rey Gojong ordenó su reconstrucción que se llevó a cabo desde 1236 a 1251.
Se conservan en el Templo Haeinsa desde 1398.


Tablas de madera de la Tripitaka Coreana

El Jangkyeong Panjeon se encuentra al final del complejo de edificios del Templo y se accede a él tras subir unas empinadas escaleras. Es una maravilla, no tanto por su aspecto exterior sin color y austero, que pasa casi desapercibido entre el resto de decorados pabellones, sino por su diseño. En realidad este gran almacén está constituido por 4 edificios que forman un rectángulo, con un patio central. No se conoce exactamente el año de su construcción pero se sabe que fue renovado en 1481 y se completó en 1488.
La gracia del edificio es que fue construido con la única finalidad de albergar la Tripitaka coreana con unas técnicas y un diseño muy bien estudiado para preservar las tablillas.


Bajo la lluvia hacia el Jangkyeong Panjeon


Jangkyeong Panjeon

La estructura mira al sudoeste de tal manera que no le da directamente la luz del sol ni el viento. Abunda la madera y un material mezcla de sal, carbón, arena y cal estudiado para mantener un grado idóneo de humedad y así evitar crecimiento de mohos. La ventilación es natural y cada ventana tiene forma y tamaño diferente para maximizar la ventilación y regular la temperatura.

Ranuras de ventilación. Jangkyeong Panjeon

En 1970 construyó un moderno edificio con técnicas actuales para una mejor conservación pero los tests previos que se hicieron con maderas similares no resultaron satisfactorios debido al enmohecimiento de la madera, por lo que se descartó el cambio.


Cómo llegar:

En autobús, desde la Estación Oeste (Terminal Seobu  대구서부터미널) de Daegu. Atención porqué en Daegu hay varias terminales de autobuses.

Salen diariamente con una frecuencia aproximada de 40 minutos, desde las 6.30am hasta las 20pm. El trayecto es de unos 90 minutos.

Precio: 7100 KRW por trayecto (5€ aprox)

Bajar en la última parada. Una vez se entra al Parque Nacional Gayasan, un vigilante sube al autobús para cobrar la tarifa de entrada de 3000 KRW (2€ aprox) y seguimos unos metros hasta llegar a la parada.

Hay que tener en cuenta que desde la última parada de bus hasta la entrada del Templo se debe caminar una media hora cuesta arriba.

Camino hacia la entrada del Templo

NUESTRA EXPERIENCIA FREE STAY

Y ahora toca explicar un poco como fue nuestra experiencia.

En principio, la única información que nos mandaron al hacer la reserva fue:

Hora máxima de llegada a las 5pm
Comidas incluidas
Posibilidad de acudir a las ceremonias vespertina y matutina
Resto del tiempo libre

La estancia era sólo para una noche con posibilidad de alargarla.

Precio:

Programa Temple stay: 60000 KRW por persona y noche (41€)
Programa Free stay: 40000 KRW por persona y noche (27€)

Llegamos sobre las 3 de la tarde. A pesar de tener reserva, al llegar tuvimos que rellenar de nuevo el mismo registro donde se nos preguntaba entre otras cosas, nuestra procedencia, religión, si anteriormente habíamos tenido alguna experiencia similar y qué interés teníamos en hacer esa estancia en el templo.
Después de registrarnos y pagar el importe correspondiente nos invitaron a sentarnos en el suelo para darnos las instrucciones de comportamiento y los horarios, los cuales deben cumplirse a rajatabla.






Normas generales de comportamiento:


  • Vestir de forma discreta y sin estridencias de color, especialmente para entrar en el pabellón principal.
  • No hablar en voz alta, correr o cantar dentro del Templo (Los templos budistas se consideran lugares de meditación personal, por lo que es muy importante guardar silencio).
  • No fumar ni tomar bebidas alcohólicas.
  • Hombres y mujeres deben dormir en habitaciones separadas.
  • Saludar a los monjes con una inclinación y uniendo las palmas de las manos en el pecho.
  • A partir de las 10pm, apagar la luz de la habitación y permanecer en absoluto silencio.

Normas en el santuario principal (Daejeokgwangjeon):

Es aquí donde se realizan las ceremonias más importantes del día y las normas son las mismas que en cualquier templo budista:

  • No se puede entrar por la puerta central. Se debe acceder por las puertas laterales ya que la del centro está reservada exclusivamente para los monjes.
  • Sacarse los zapatos y dejarlos en el exterior bien colocados.
  • No hacer ruido al abrir y cerrar la puerta.
  • Al entrar, hacer media inclinación (Ban-bae) de cara a la imagen de Buda con las palmas de las manos unidas (Hap-jang). Hacer lo mismo al salir y nunca dar la espalda a la imagen de Buda.
  • No ocupar los espacios centrales frente a Buda, están reservados para los monjes.


Después de recordarnos estas normas generales, nos acompañaron hasta la zona de las habitaciones de los huéspedes. Se trata de dormitorios comunes y como ya he comentado anteriormente, separados por sexos.
Son salas grandes con paredes y techos de madera y el suelo calentado con el sistema ondol. Ningún tipo de mueble ni decoración y junto a la pared, unos cuantos colchones tradicionales yo (tipo futon) plegados.
La sala está dividida en dos más pequeñas, cada una con su cuarto de baño.
No sé si todos los dormitorios serán iguales pero los que nos asignaron eran correctos, con olor a madera nueva.
Durante los meses de temporada alta o en fin de semana quizás habrá más gente pero cuando estuvimos nosotros sólo coincidimos con una pareja americana de Utah. Esto significa que nuestra hija y yo tuvimos una sala para nosotras solas y la chica americana durmió en la otra, cada una con lavabo independiente. Y lo mismo en el caso de los hombres.


Dormitorio

Tras acomodarnos fuimos a visitar los distintos edificios del Templo el cual está estructurado en distintos niveles. Tras la puerta Haetalmun, en el primer nivel, se encuentra la Torre de la Campana y el Tambor y otras construcciones, entre ellas oficinas, información y tiendas de recuerdos. El patio central está adornado con faroles de papel de varios colores.






Tras subir unas escaleras nos encontramos más pabellones alrededor de un patio en cuyo centro se encuentran una pagoda de piedra (s. IX) de tres pisos y una linterna también de piedra que simboliza la luz futura de Buda.
Detrás de estos dos monumentos de piedra, otra escalinata da acceso al santuario principal Daejeokgwangjeon.








A su izquierda se levanta el precioso santuario Daebiro y a la derecha Eungjin hall y Myungbu hall.
Construido en el punto más elevado, a 655 metros sobre el nivel del mar, está el interesante Jangkyeong Panjeon que está cerrado al público. De todas formas, las largas estanterías y algunas tablillas de la Tripitaka coreana pueden verse a través de las aberturas de ventilación de las ventanas, con lo que por lo menos pudimos hacernos una idea. 








Visto el Templo, salimos a dar una vuelta por los alrededores para disfrutar de los paisajes del Parque Nacional de Gayasan.













De vuelta al Templo y antes de la cena, aprovechamos para ver un interesante audiovisual sobre la Tripitaka Coreana. 
Al salir, nos dirigimos directamente al comedor. Se cena a las 6:10pm y se deben cumplir escrupulosamente los horarios, de lo contrario se pierde el derecho a las comidas. 


Típicos recipientes donde fermentan la col (u otros vegatales) para elaborar el kimchi 



Cenamos en el mismo comedor que los monjes pero en unas mesas un poco apartadas. En el Templo de Haeinsa viven unos 200 monjes, no creo que estuvieran todos en el comedor, pero el silencio era absoluto.
Se trata de un autoservicio aunque no hay demasiado para escoger: sopa, arroz hervido, lechuga, tofu, hojas de perejil y una especie de patatas guisadas, condimentado con algas y fermentados en salsa de soja.
Son vegetarianos estrictos y no hay menú especial para los visitantes. Las escrituras budistas indican que sus practicantes deben consumir la cantidad mínima de alimentos para poder llevar una vida meditativa y deben estar preparados con ingredientes puros, con la prohibición de dañar a los animales. Eso significa que no sólo evitan comer carne sino cualquiera de sus derivados. Tampoco se consumen vegetales que contengan estimulantes como el ajo, cebolla, etc… para no excitar la mente.


Fuente de la foto http://morekimchiplease.files.wordpress.com

Tras 20 minutos, a las 6:30 empieza la llamada a la oración con el toque del tambor y el resto de instrumentos. Dura bastante rato y se van alternando cinco monjes jóvenes. Nos quedamos embobados escuchando el sonido del tambor entre las montañas, sólo por eso, merece la pena la experiencia.










video

Una vez los monjes acabaron de entrar al santuario, lo hicimos nosotros por una puerta lateral tal como nos habían indicado, cogimos una almohadilla y nos sentamos al fondo, detrás de los monjes.
Van recitando y cantando sus oraciones a la vez que se levantan, se arrodillan y se inclinan repetidas veces, lo que intentábamos hacer al mismo ritmo. Cuando recitan sutras todos a la vez con aquella cantinela, te hacen poner la piel de gallina, es precioso.


Interior del santuario principal, donde se realizan las ceremonias
Acompañan la ceremonia con dos pequeños instrumentos de percusión, el mok-tak, un instrumento de madera con forma de cascabel que se va golpeando mientras recitan las sutras y el juk-bi, un tronco de bambú con cortes en el centro que se utiliza para indicar el inicio y final de la meditación.

Tras la ceremonia, todos se van retirando y aprovechamos para dar otro paseo por el Templo en absoluta soledad.
Pronto nos refugiamos en la habitación y a las 10 las luces se apagaron.




El día en un Templo budista empieza muy temprano. El despertador suena a las 3 de la madrugada. Uno de los monjes se levanta un poco antes y empieza a tocar el mok-tak que despierta al resto de la comunidad. A continuación empiezan a tocar los cuatro instrumentos principales: tambor, campana, gong y pez mientras el resto van entrando al santuario para la ceremonia matutina.
Si por la tarde nos impresionó, poder participar en la ceremonia de las 3 de la mañana, nos causó un efecto más intenso.

Al finalizar la ceremonia, los monjes se dedican a sus prácticas según cada nivel. Los estudiantes, van a la sala de estudio y los monjes mayores a la sala de meditación mientras que algunos preparan el desayuno. En nuestro caso, no nos dedicamos ni a estudiar ni a meditar sino que aprovechamos para dormir un rato más. El desayuno es a las 6:10 y el menú, prácticamente invariable respecto la cena del día anterior.

A las 6:30 estábamos listos. Teníamos la posibilidad de quedarnos a comer y la idea inicial era hacer alguna excursión por el Parque Nacional o visitar los templos anexos de los alrededores, pero sin apenas haber dormido ni comido estábamos un poco descolocados. Con lo que cogimos el bus de las 8 en dirección a Daegu.






Nos despedimos del Templo Haeinsa y el Parque Nacional Gayasan tras vivir una experiencia muy enriquecedora pero suficiente con una noche.
Al llegar a Daegu, lo primero que hicimos fue entrar en un Starbucks cercano a la estación de autobuses para desayunar, ahora sí … con una súper magdalena y un enorme capuccino.



16 comentarios:

  1. María Teresa,

    Vaya experiencia más enriquecedora, me ha encantado !!

    Tomo buena nota de todo, qué ganas de conocer Corea !!!

    Un abrazo.

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    1. Hola Víctor,

      La verdad es que tenía ganas,cuando estuvimos en Japón me quedé con las ganas y esta vez nos decidimos a hacerlo.

      Un abrazo

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  2. Que no puede ser Teresa, no puedes poner estas publicaciones que nos dejan con unas ganas enorme

    de sacarnos ya los billetes para Corea.

    Que experiencia habéis vivido, IMPRESIONANTE!!!!

    Un abrazo desde Las Palmas.

    http://siemprejuntosporelmundo.blogspot.com.es

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    1. Venga va, pues sólo es cuestión de proponérselo.

      Un abrazo

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  3. Madre mía, que maravilla!! SE transite la fuerza del lugar desde tus comentarios y tus fotos... Toda una experiencia, ya me encantaría tener la oportunidad de disfrutarla. Me has dejado "babeando" y sin palabras. Quiero ir a Corea!!!!!!
    Un besito y muchas gracias por compartir tan maravillosas sensasiones.

    Trini
    http://yoadoroviajar.blogspot.com

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    1. Gracias a ti por tu comentario. Seguro que te gustaría Corea.

      Un abrazo

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  4. Tiene que ser una experiencia única. Me ha sorprendido tanta norma y tener que dormir en dormitorios separados por sexos pero imagino que de algún modo se intentan preservar las costumbres y la vida del templo para que no se convierta en un hotel-turistada y sean los huéspedes que se integren en la vida del templo y no al revés.

    Las fotos son preciosas.

    Empieza bien el relato de Corea, me da la sensación que me enamoraré de otro país asiático antes de visitarlo!!!

    Un abrazo!!

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    1. En algún sitio leí que el Templo Haeinsa es uno de los que tiene normas más estrictas pero lo de dormir separados creo que se debe respetar en todos.
      De todas formas, lo de dormir es un decir, porqué levantarse a las 3 de la madrugada y luego desayunar a las 6...pocas horas pudimos dormir.

      Un abrazo

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  5. Que bonito todo y qué tranquilidad y relax.
    Preciosas las fotos.
    Saludos viajeros
    El LoBo BoBo

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    1. Sí, mucha tranquilidad. Es un lugar donde puedes desconectar de todo.

      Un abrazo

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  6. Tengo pendiente un viaje a Corea del Sur y esta entrada me va a ser muy útil para convencer a una persona de lo maravilloso que es alojarse en un templo coreano. Estaba pensando en este templo o también en Beopjusa en el monte Songnisan.
    Cuando todo esté más organizado sin duda te preguntaré algunos temas prácticos sobre tu estancia (no sé que hacer con el equipaje para llegar hasta Haeinsa)
    Gracias por esta estupenda entrada

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    1. Hola Ramón,

      Estaré encantada si te puedo ayudar en resolver alguna duda antes de tu viaje a Corea. Te va a encantar tanto el país como su gente, son encantadores.

      Un abrazo

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  7. Hola, mi nombre es Nuria y estoy ahora en Corea, me gustaría ir al templo este fin de semana 4 y 5 de Octubre, como puedo reservar la estadía?
    Gracias!!

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    1. Hola Nuria,

      Lo reservamos por e-mail:




      haeinsa2@templestay.com

      Si lo tienes muy justo y quieres llamar, el teléfono es: +82-55-934-3110

      Mucha suerte y que vaya bien!

      Saludos



      Saludos

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  8. Hola Nuria, debes enviar por email también que deseas hacer en el templo en cuanto a actividad?, muchas gracias por toda la información, Marcela

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    1. Hola Marcela,
      Cuando estuvimos nosotros, sólo el programa Temple stay contempla la posibilidad de hacer actividades pero únicamente se hacía en los fines de semana. Nosotros nos acogimos al Free stay, no hay actividades pero puedes participar en las ceremonias de los monjes.
      Si reservas para el Temple stay ya se incluyen las actividades, pero mira si te coincide en fin de semana. De todas formas, mejor que mandes un mail por si ha cambiado alguna cosa al respecto.

      Un saludo

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