lunes, 18 de julio de 2011

Acrópolis de Atenas: como visitarla para evitar una decepción

Con el reciente viaje a Grecia se ha cumplido otro de mis eternos sueños: visitar la Acrópolis. Pero no nos engañemos, la Acrópolis como una gran mayoría de monumentos arqueológicos, se visita por lo que fue y no por lo que es y según lo que uno espere le puede causar una gran decepción.
Mi interés por la montaña sagrada, nació mucho antes que mi afición por los viajes. Tendría unos quince años cuando un profesor de Arte nos dio una clase magistral sobre el Partenón y el conjunto de templos de la Acrópolis. No recuerdo detalles, pero sí sus palabras emocionadas cuando nos confesó que al tener por primera vez el Partenón ante sus ojos, se dejó caer de rodillas y estalló en lágrimas. Dicho así, puede parecer exagerado, incluso ridículo, pero los sentimientos nos juegan malas pasadas y según las circunstancias es más fácil que así sea. El entusiasmo de aquel maestro a quien entonces no llegué a entender demasiado, me dejó huella y una gran curiosidad por visitar el lugar.

Detalle del friso del Partenón


Para muchos, la sola vista del Partenón justifica un viaje a Grecia. Para otros, representa una gran decepción. Al entrar al gran recinto monumental, la que se ha considerado una de las obras más bellas de la antigüedad se encuentra encarcelada entre andamios y grúas que afean enormemente su aspecto debido a unas obras de restauración que parecen eternas.

Partenón

Con el paso de los siglos, la Acrópolis ha sido destrozada y saqueada en diversas ocasiones. Ha sufrido terremotos, guerras y bombardeos, incendios y el vandalismo de ladrones. Es bien conocido y motivo de indignación, especialmente para el pueblo griego, que Lord Elgin, embajador británico en la Atenas otomana, ordenara a principios del siglo XIX el despojo  de la mayor parte de la decoración escultórica de los monumentos y que gracias al permiso del sultán otomano pudiera llevárselos a Inglaterra para venderlas posteriormente al Museo Británico por 35.000 libras, donde están expuestas desde el año 1939. Se arrancaron columnas, relieves y estatuas y las que no cabían en las cajas dispuestas para el transporte, se cortaban y troceaban sin ninguna compasión.
Grecia está trabajando desde hace años para recuperar su patrimonio mientras que el Museo Británico sigue defendiendo su derecho a conservarlo y exponerlo. Aunque no se conoce el final, el Nuevo Museo de la Acrópolis, tiene reservada una sala para acoger los Mármoles del Partenón cuando le sean devueltos.
Si a la ausencia de la decoración escultórica de los templos le añadimos los andamios de las obras, se necesita una buena dosis de imaginación para dejarse llevar hasta la época de máximo esplendor de la antigua Grecia.
Iba preparada para esto y más, asumiendo que debería compartir escenario con los cientos de turistas que diariamente desembarcan en el puerto del Pireo para hacer una visita relámpago a la capital griega.


Gentío en los Propileos

Ninguno de estos inconvenientes impidió que me emocionara en el monte sagrado, consciente de estar sobre el mismo suelo que un día pisaron Sófocles y los grandes filósofos, consciente de estar ante un símbolo de lo que somos como civilización. 
Traducido literalmente del griego, Acrópolis significa “ciudad alta”, lugar característico no sólo de Atenas, sino de la mayoría de ciudades griegas, cuya función era defensiva además de ser la sede de los principales lugares de culto. Sin duda, la más representativa de todas es la de Atenas.
La Acrópolis de Atenas se encuentra en una colina a 156 metros sobre el nivel del mar y se divisa desde la mayoría de los barrios de la capital griega. Ha dominado la ciudad durante más de 2600 años aunque se han encontrado restos arqueológicos desde antes del 6000 a.C.


Vista de la Acrópolis desde la colina de Filopapo

¿Cómo visitar la Acrópolis para evitar una decepción?

Evidentemente dependerá de las inquietudes de cada uno, pero en nuestro caso lo enfocamos de la siguiente manera y nos resultó muy gratificante. De todos modos, el orden de los factores no altera el valor del producto.

1.- Si uno quiere ver algo más que piedras debe documentarse o hacer la visita con la ayuda de un buen guía. No tan sólo en lo que se refiere a la parte artística de los monumentos sino saber “qué se cocía por allí en aquellos tiempos”, qué comían, cómo vestían, qué aficiones tenían…. Una vez in situ será mucho más fácil imaginarse la situación y entender el significado de muchos detalles.

2.- Visita al Museo de la Acrópolis. Es un complemento imprescindible (junto con una previa visita al British Museum de Londres para admirar los llamados Mármoles del Partenón, conocidos también como los Mármoles de Elgin).
Caminamos por el barrio de Plaka hasta la larga avenida Dyonisiou Areopagitou donde se encuentra el nuevo Museo de la Acrópolis inaugurado en 2009, ya que el antiguo se había quedado pequeño para tanto material. Con un presupuesto de 130 millones de euros, es un edificio de moderno diseño, muy bien organizado y que, sin duda, merece la pena visitar.

Entrada al Museo de la Acrópolis

Museo de la Acrópolis

El precio es de 5€ por persona y los menores de 18 años no pagan. En sus tres plantas se exponen los restos arqueológicos de las excavaciones que se han llevado a cabo en la montaña de la Acrópolis y diferentes elementos de los templos. 
Desde la planta baja se accede al primer piso por una suave pendiente con el suelo transparente que permiten ver las excavaciones. Aquí se exponen principalmente piezas de cerámica y ofrendas. Me ha parecido muy interesante una especie de caja fuerte donde los fieles depositaban las monedas que ofrecían al templo. En la galería del primer piso hay una importante colección de estatuas, la mayoría de ellas ofrendas votivas a la diosa Atenea, especialmente las kore o doncellas. Tanto en el museo, como en la misma Acrópolis, nuestra hija Patrícia fue una guía excepcional y nos iba explicando las características de las piezas más importantes y muchos detalles curiosos.
Pudimos contemplar las Cariátides originales, las famosas columnas con forma de mujer del Templo Erecteion de la Acrópolis ya que las que allí se encuentran son unas copias. De las seis Cariátides, sólo hay cinco y la que falta se encuentra en el Museo Británico. Antes de acceder a la última planta, hacemos un paréntesis para comer en la cafetería la cual tiene salida a una amplia terraza con unas magníficas vistas al Partenón.


Vistas de la Acrópolis desde la terraza del Museo

El cristal predomina en el edificio del Museo 

Museo de la Acrópolis

Aquí tomamos nuestro primer café frappé, un delicioso vicio que ya nos acompañaría a lo largo de todo el viaje.    
Acabamos en la última planta dedicada exclusivamente al Partenón. Un interesantísimo audiovisual muestra desde su construcción a la complicada historia vivida a lo largo de los siglos de guerras, destrucciones y terremotos. Esta planta fue diseñada de tal manera que se encuentra alineada con el Partenón y tiene el mismo número de columnas. Muestra las esculturas, las metopas y el friso de 160 metros siguiendo el orden como se encontraban en su emplazamiento original, representando la procesión Panatenaica, donde las piezas que faltan se han substituido por réplicas de yeso. Más de la mitad del friso se encuentra en el British Museum.

3.- Subir a la Colina de Filopapos. Al salir del Museo de la Acrópolis continuamos por la avenida Dyonisiou Areopagitou en dirección a la colina de Filopapos. Diferentes senderos rodeados de pinos, olivos y encinas conducen a su parte más elevada donde se encuentra el monumento a Filopapos, el que fuera un cónsul romano en Atenas. Fue todo un acierto subir porqué las vistas sobre la Acrópolis y sobre la ciudad de Atenas son magníficas. Contemplamos una bonita puesta de sol y esperamos a que anocheciera para ver la Acrópolis iluminada. Sin duda, una de las mejores imágenes del conjunto.
  
Subiendo a la Colina de Filopapo. La mayoría de pavimento de la ciudad de Atenas es de mármol.

Colina de Filopapo 

Puesta de sol desde la Colina de Filopapo

Vista de la ciudad 








4.- Visita de la Acrópolis. En nuestro caso, visitamos la Acrópolis al día siguiente, después de haber estado en el Museo y de haber disfrutado de las vistas desde la Colina de Filopapo. Como he dicho antes, el orden no importa porqué se complementan perfectamente entre sí, pero nos gustó hacerlo así, como quien deja el postre para el final.
La idea era subir a primera hora para evitar las aglomeraciones pero nos entretuvimos demasiado y llegamos un poco tarde. La entrada cuesta 12€ e incluye la visita a casi todos los monumentos de la ciudad. Entramos por los Propileos, un edificio central de forma rectangular compuesto por columnas dóricas que constituían la grandiosa entrada a la Acrópolis. A su derecha, el pequeño Templo de Atenea Niké, construido para conmemorar la victoria de los griegos sobre los persas en la Batalla de Salamina. Tal como el nombre indica, albergaba una imagen de Atenea Niké, símbolo de la victoria, a la que le cortaron las alas para que le fuera imposible abandonar Atenas.

Templo de Atenea Nike

Nos sentamos sobre el fresco mármol de la escalera de los Propileos y aquí pasamos un buen rato contemplando las vistas de la ciudad y observando las curiosidades de los grupos de turistas que iban llegando.

Propileos

El siguiente Templo que se encuentra es el Erecteion, construido entre los años 420 y 406 a.C. Es un templo jónico levantado en el lugar más sagrado de la Acrópolis, donde la diosa Atenea hizo florecer el primer olivo de las tierras griegas y donde Poseidón golpeó el suelo con su tridente. Aquí se rendía culto a Poseidón, a Atenea y a Erecteo, el mítico rey de Atenas. La zona más llamativa es la cubierta de la galería sur, sostenida por las famosas seis columnas Cariátides, copias de las originales. El Templo está completamente restaurado y no tiene andamios que lo desmerezcan, por lo que resulta quizás el más atractivo.


Erecteion





A pocos pasos se encuentra el Partenón, el principal edificio arquitectónico de la Acrópolis y el mayor símbolo de belleza de la arquitectura clásica de la antigua Grecia. Fue construido entre los años 477 y 432 a.C. y este bosque de 8 x 17 columnas dóricas fue creado para albergar una colosal escultura de doce metros en madera, marfil y oro, de Atenea Parthenos, de quien tomó el nombre la ciudad de Atenas a quien protegía y cuidaba. 


Partenón

Rodeado de andamios, es difícil buscar un lugar para sacar una foto decente. Al igual que el resto de templos, está construido en mármol pentélico, extraído del Monte del mismo nombre, situado al noreste de Atenas. Se caracteriza por tener una blancura uniforme y un ligero matiz que le da un tono dorado con la luz del sol. La antigua cantera, está protegida por el gobierno y se utiliza exclusivamente para material destinado a la restauración de la Acrópolis.






Los arquitectos Ictinos y Kallicratis, bajo la supervisión del escultor Fidias, crearon un edificio de una gran armonía visual y estudiaron las proporciones óptimas para corregir los defectos ópticos que generan las líneas rectas para crear una imagen de perfección. Para ello, las columnas no son completamente rectas, sino que están ligeramente inclinadas hacia dentro y tampoco son equidistantes entre sí, de tal manera que buscan la ilusión de horizontalidad y verticalidad haciéndolas converger en un punto lejano.
Podría explicar muchas más cosas sobre este monumental Templo, como la decoración cromática de su interior, su simbología, el detalle del friso relatando la procesión Panatenaica, las características de la colosal imagen de Atenea … pero lo dejo para los expertos.
Incluso para aquellas personas a quienes no interese en absoluto el Arte o la Historia, merece la pena una visita a la Acrópolis porque es un incomparable mirador sobre la ciudad.
A sus pies, el animado barrio de Plaka, los restos de la antigua Ágora, el Teatro de Dionisio y el Teatro de Herodes Attica. Un poco más alejados de lo que fuera la ciudad antigua, se distingue Sintagma y Omonia, el centro de la Atenas actual.


Vista del Ágora desde la Acrópolis

Templo de Zeus Olímpico y Arco de Adriano

Ágora romana

Edificio del Parlamento en la Plaza Syntagma 

Barrio de Plaka

Monte Licabeto y Atenas a sus pies

Museo de la Acrópolis y Teatro de Dionisio

Para completar el recorrido por la Grecia clásica nos queda el Ágora antigua y el Teatro de Dioniso, pero si uno desea proseguir el viaje en la máquina del tiempo y desea apearse en la siguiente estación, puede avanzar unos siglos hasta la época en que Atenas estaba bajo dominación romana y dar un paseo por el Ágora romana, el Templo de Zeus Olímpico o la Biblioteca de Adriano. Para todos los gustos.

Ágora antigua

Vista de la Acrópolis desde el Ágora

Templo de Hefesto en el Ágora

Teatro de Dionisio

Teatro de Dionisio

Teatro de Dionisio




4 comentarios:

  1. La verdad es que, tal como dices, el visitar la Acrópolis es más por su significado, por lo que fue, que por lo que efectivamente queda en pie. Aún así, yo fui de las que se sobrecoge al entrar allí...
    Has hecho un genial relato.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Algo parecido sentí en el 2007 cuando por fin y despues de mucho tiempo visite Atenas, me senti tremendamente emocionada y por supuesto me encanto el templo de Zeus Olimpico.
    Ana

    ResponderEliminar
  3. Hola María Teresa,

    Me ha gustado mucho el post, me ha hecho recordar la visita que hice a Atenas en el mes de febrero.
    La Acrópolis me gustó visitarla, por todo lo que significa, a pesar de los andamios y las grúas que le quitan encanto.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Veo que la mayoría coincidimos en valorar la Acrópolis tal como se merece. Gracias por visitarme.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.