jueves, 20 de mayo de 2010

Serra de Tramuntana (II parte). De Valldemossa a Andratx

Amanece un día espléndido. Desde la pequeña terraza de la habitación nos deleitamos contemplando el paisaje en el que destaca la roca de Sa Foradada. Se encuentra en la finca de Son Masrroig, que en su día fue adquirida por el Archiduque Luís Salvador de Austria el cual afirmó que Sa Foradada valía más que todo lo que había pagado por sus propiedades en la isla. Realmente se intuye un lugar muy bello, pero la excursión hasta la roca la dejamos pendiente para un próximo viaje a la isla.

Vistas desde la habitación del hotel


Después de un buen desayuno de domingo, continuamos nuestra ruta por la Serra de Tramuntana. Dedicaremos al pueblo de Valldemossa el tiempo que se merece y seguiremos camino hasta Andratx.


Valldemossa es un pueblo encantador y en muchas guías lo califican como uno de los más bonitos de Mallorca. Y claro está, eso lo sabe todo el mundo, haciendo de Valldemossa una parada obligada para todo aquel que visita la isla. Los autocares y grupos organizados le roban una gran parte de ese encanto pero a pesar de ello es un pueblo agradable, alegre y muy bien cuidado. Como en la mayoría de pueblos de la zona, sus calles son todo color y olor y la primavera se respira en cada rincón.







Decidimos visitar la Cartuja a primera hora para evitar los grupos, pero ni así nos libramos de guardar turno para entrar en alguna de las estancias más pequeñas.
La Cartuja de Valldemossa no sería tan famosa si no hubieran vivido allí el célebre músico Frédéric Chopin y su pareja, Amandine Aurore Lucile Dupin - más conocida por su seudónimo George Sand - durante el invierno de 1838 a 1839. En su novela “Un invierno en Mallorca” delata que su estancia en la isla no fue del todo agradable, en gran parte debido al carácter cerrado de los isleños que los miraban con recelo. A pesar de que los mallorquines no salen demasiado bien parados en el libro, los descendientes de aquellos que conocieron a la extravagante pareja han sabido sacar un buen provecho de su paso por allí.





Después de la desamortización de Mendizábal, la Cartuja pasó a manos privadas y fue lugar de vacaciones, especialmente para los habitantes de Palma. El monasterio es un interesante edificio rodeado de jardines y con un interesante legado. Alrededor del claustro se distribuyen las diferentes celdas, abiertas al visitante. En algunas de ellas se muestra como vivían los monjes y me ha recordado la reconstrucción de la celda de la Cartuja de Scala Dei, en el Priorat. Cuesta imaginar esa forma de vida, principalmente por el voto de silencio que hacían los cartujos y que sólo podían romper durante media hora a la semana en la biblioteca.
En el resto de celdas se exponen los pianos de Chopin y algunos manuscritos de George Sand. Otras estancias que me han parecido muy interesantes son la antigua farmacia y la biblioteca.
En una planta superior se encuentra ubicado el pequeño Museo de Arte Moderno con una importante colección de obras de Joan Miró quien vivió muchas temporadas en la isla.
















A continuación, visitamos el contiguo Palacio del Rey Sancho, construido en el siglo XIV por el rey Jaume II. El edificio no es demasiado grande comparado con la idea que podemos tener de otros palacios. Consiste en una serie de salas distribuidas alrededor de un pequeño claustro. Conserva objetos y mobiliario de la época y se hace mención de dos ilustres personajes que allí vivieron: Rubén Darío y Jovellanos. El escritor nicaragüense vivió en Valldemossa en 1906 y en 1913 durante la etapa privada de la casa, invitado por sus propietarios, los Sureda. Cautivado por el ambiente monacal que aun se respiraba, escribió algunas de sus mejores obras. Aproximadamente un siglo antes (1801) había estado allí Jovellanos por un motivo bien distinto: el destierro. El que fuera Ministro de Justicia del Rey Carlos IV, fue desterrado por Godoy a la Cartuja de Valldemossa.
Para finalizar la visita, un mini concierto de piano interpretando música de Chopin, como no podría ser de otra manera.
















A pocos pasos se encuentra el Mirador dels Lledoners desde donde se obtiene una bonita panorámica de los campos que rodean el pueblo.




Seguimos hasta la plaza de la iglesia, dedicada a Sant Bartomeu y justo en la calle contigua está la casa natal de Santa Catalina Thomàs, a quien los vecinos de Valldemossa tienen una auténtica devoción. Tanto es así, que casi todas las fachadas de las casas del pueblo lucen un azulejo con la imagen de su “santita” y una inscripción que dice “Santa Catalina Thomàs, pregau per nosaltres”, es decir, Santa Catalina Thomàs, rogad por nosotros. La entrada de la casa se ha adaptado como una pequeña capilla con la imagen de la venerada santa y donde se expone una copia del documento de beatificación.



Dejamos Valldemossa y una estrecha carretera trazada entre la Serra y el mar nos conduce al pequeño Puerto de Valldemossa. Son 6 kilómetros para disfrutarlos … si se puede ya que encontrarse con otro coche de cara puede suponer un pequeño apuro. La abrupta pendiente discurre por el llamado Pla del Rei, antiguamente también propiedad del archiduque Luís Salvador de Austria. La accidentada costa mallorquina esconde alguna que otra joya y el Puerto de Valldemossa es una de ellas.






La siguiente parada será Banyalbufar, que etimológicamente significa “construido al lado del mar”. Nos sorprenden los cultivos en terraza que ocupan una tercera parte del territorio ofreciendo una imagen de postal. El color piedra de los bancales, las “marjades”, contrasta con el intenso azul del Mediterráneo. Pequeñas balsas de forma triangular, adaptadas al terreno, almacenan el agua de los pozos. Banyalbufar siempre se ha dedicado a la agricultura y su malvasía es conocida en toda la isla. La mayor parte de viñas que regalaban ese delicioso elixir se fueron perdiendo pero gracias a la ilusión de unos pocos, concretamente cinco socios, se está recuperando la sabiduría de sus antepasados como ellos mismos reconocen.
Nos quedamos a comer en el pueblo y nos llama la atención el nombre de un restaurante:
“ Pegasón y el pajarito enmascarado”. Es uno de los restaurantes que se ha acogido a la XXVI muestra de cocina mallorquina y que, casualmente finaliza ese día. Diferentes restaurantes repartidos por toda la isla ofrecen auténticos platos de cocina mallorquina por el precio de 14€ por persona. Así pues, comemos de maravilla por un módico precio. Platos bien elaborados con ingredientes de calidad que nos permiten degustar esa rica gastronomía. Un 10 para el chef, en cuyo currículum consta El Celler de Can Roca.









Seguimos en dirección a Estellencs y nos encontramos la Torre des Verger, conocida también por la Torre de Ses Ànimes, una torre de vigilancia construida en 1579 y ubicada en un lugar estratégico desde donde se avistaba la llegada de los corsarios. Se puede acceder a la torre y es una buena oportunidad para conocer ese tipo de construcciones además de poder gozar de una de las mejores vistas de esta parte de la costa.






Llegamos a Estellencs, pero el calor a esa hora nos aplaca y no nos apetece pasear por las desérticas calles. Es mejor idea conducir unos pocos kilómetros hasta la Cala Estellencs donde desemboca el torrente de Son Fortuna, formando una pequeña cascada antes de llegar al mar.






Ya recuperados, emprendemos de nuevo ruta siguiendo la Ma10 en dirección a Andratx. Nos encontramos la carretera cortada y nos vemos obligados a volver a Banyalbufar y continuar por Esporles. Seguimos hasta Port d’Andratx pero esto ya nada tiene que ver con el ambiente de la Serra de Tramuntana, sus pequeñas calas y las cuestas empedradas. Aquí se respira un ambiente muy fashion, básicamente turista alemán. Port d’Andratx no tiene playa y por tanto no tiene grandes hoteles pero las montañas que lo rodean están tapizadas de mansiones. Es uno de los puertos más exclusivos de la isla y las embarcaciones de lujo compiten en belleza con las barcas de los pescadores. Yo me quedo con esas últimas. Paseamos sorteando las redes que nos recuerdan lo que un día debió ser.




7 comentarios:

  1. M'està agradant molt el recorregut!

    Petons!
    Elisabet

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  2. Ostres, M. Teresa, quines fotos! Ja m'hi torno a trobar, o millor, espero tornar-m'hi a trobar amb més bon temps, perquè el paisatge és més "verd" que quan hi vam anar per la Candela.

    Fins dimarts!?
    Neus

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  3. Hola Elisabet!

    Al estar-hi pocs dies vàrem haver de seleccionar una petita part de l'illa i deixant-me aconsellar per diferents amics mallorquins tots coincidien en que la Serra de Tramuntana és la part més bonica.

    Bon cap de setmana

    M.Teresa

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  4. Hola Neus,

    Suposo que a l'hivern també deu tenir el seu encant, però la veritat és que la primavera mallorquina m'ha agradat molt. Me n'alegro que les fotos t'hi hagin transportat de nou.

    Bon cap de setmana i fins dimarts

    M.Teresa

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  5. Hola Maria Teresa:

    Da gusto darse un paseo por Mallorca contigo. me ha hecho recordar una primavera que estuve por esa zona y ver los almendros y otros árboles en flor fue un gran espectaculo.

    Magníficas fotos y descripciones como siempre

    feliz fin de semana

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  6. Este lugar salió ayer en el nuevo programa de "tu vista favorita". Lo expuso Chenoa y la verdad que me encanto y no lo conocía. El pueblo es precioso y menudas vistas.... Desde luego trataré de visitarlo cuando vaya a la isla.

    Un saludo!

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  7. Aunque no vi el programa que comentas, el lugar es muy bonito y tal como comento en el post creo que Mallorca tiene aún sitios preciosos donde el turismo de masas no ha llegado, afortunadamente.
    Un saludo

    M.Teresa

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