jueves, 13 de mayo de 2010

Serra de Tramuntana (I parte). De Deià a Cabo Formentor

A finales del mes pasado realizamos una fugaz escapada a la mayor de las Baleares. Había estado en Mallorca años atrás, en un viaje de fin de curso al acabar el bachillerato. Tendría entonces dieciséis o diecisiete años y muchos pajaritos en la cabeza y salvo una docena de fotos que han ido perdiendo el color, poca cosa más conservo de aquella descafeinada aventura de adolescente.
Posteriormente siguieron sus hermanas pequeñas: Menorca, Ibiza y Formentera, islas que fuimos rastreando cuando nuestra hija entró a formar parte de nuestras vidas y de nuestros viajes, pero nunca regresamos a Mallorca. Quizás por la idea errónea de pensar que Mallorca es sinónimo de turismo de masas, de macro hoteles o del todo incluido. O por creer que la totalidad de la isla había pasado a ser un estado más de la gran Alemania. Creo que incluso la fiestera Ibiza ha sabido ganarse una mejor reputación que Mallorca.
Después de estos tres escasos días en la isla, sólo puedo decir que nos han quedado muchas ganas de volver. Si bien es cierto que gran parte de su territorio ha pasado a manos privadas y el acceso a algunos lugares es prácticamente imposible, quedan aun muchos rincones preciosos que se muestran al visitante con toda su belleza.
Bien aconsejados por amigos mallorquines, decidimos repartir nuestro tiempo entre una visita a Palma y recorrer la Serra de Tramuntana. Con sus casi 90 kilómetros, la Serra de Tramuntana se alinea perfilando el noroeste de la isla, desde el Cap de Formentor hasta el Cap de Sa Mola en Andratx. Recientemente, la UNESCO ha confirmado la continuidad de la candidatura a Patrimonio de la Humanidad en la categoría de Paisaje Cultural después de aceptar la documentación enviada por el Consell de Mallorca, como buen ejemplo de paisaje agrícola mediterráneo que combina los sistemas hidráulicos de origen islámico con sistemas de cultivo de olivo, haciendo énfasis en la relación entre el hombre y la naturaleza, la transformación del medio natural para aprovechar los recursos naturales con los medios y conocimientos de cada etapa histórica.

(Actualización: En 2011, el Paisaje cultural de la Serra de Tramuntana, fue declarado Patrimonio de la Humanidad).
Así pues, recién aterrizados en el aeropuerto de Son Sant Joan, recogimos el coche de alquiler y nos dirigimos hacia la Serra de Tramuntana donde nos alojamos las tres noches, concretamente entre los pueblos de Valldemosa y Deià.
Hay infinidad de excursiones interesantes por la zona y los aficionados al senderismo conocen bien el GR 221 llamado también la “Ruta de la Pedra en Sec” ya que transcurre por los antiguos caminos empedrados que comunicaban los pueblos y las posesiones, en medio de un paisaje de olivos cultivados en bancales de piedra en seco, sin cemento.
Con el tiempo más que limitado intentamos repartir la sierra en dos días, lo que nos daría una vaga idea de la zona, con la esperanza de poder profundizar en posteriores ocasiones.
El primer día recorrimos desde Deià hasta el Cap de Formentor, mientras que para el siguiente día hicimos de Valldemosa a Andratx, que dejaré para un segundo relato.




Después de un buen desayuno con vistas a Sa Foradada, uno de los accidentes geográficos más fotografiados de la isla, nos dirigimos a Deià que se encuentra a escasos kilómetros. La carretera serpentea entre campos de olivos milenarios y algarrobos, una delicia. Llegamos al pintoresco pueblo resguardado por los 1062 metros del Puig des Teix, uno de los picos más altos de esta sierra. Deià ha sido desde hace años refugio de artistas, poetas y otros personajes más o menos carismáticos. El más conocido de todos ellos es el escritor inglés Robert Graves, autor de la novela “Yo, Claudio” (1895 – 1985). También el arqueólogo norteamericano William Waldren (1924 – 2003) se enamoró de este encantador rincón de la isla o el archiduque Luís Salvador de Austria (1847 – 1915) que adquirió distintas posesiones a lo largo de la Serra de Tramuntana y se le considera un pionero del turismo en las Islas Baleares. Precisamente una de estas propiedades, S’Estaca, pertenece actualmente al actor norteamericano Michael Douglas que la comparte con su ex esposa.


La carretera Ma10 pasa por el centro del pueblo y es donde se concentran la mayoría de los negocios turísticos: restaurantes, cafeterías, galerías de arte, tiendas y alguna inmobiliaria. Las tranquilas calles empinadas nos conducen hasta la Iglesia de Sant Joan Baptista.
Un pequeño monumento de bronce del pequeño antílope mallorquín extinguido, el myotragus balearicus, recuerda el trabajo del arqueólogo William Waldren.








Justo detrás de la iglesia se encuentra el pequeño cementerio donde están enterrados Robert Graves y su esposa además de otros artistas e intelectuales que escogieron ese lugar para el reposo eterno. Dudo que exista otro cementerio con la increíble panorámica del pequeñísimo camposanto de Deià. Desde su privilegiada situación se domina la costa y el valle, con sus bancales de piedra que trepan por la montaña cubierta de olivos. Si una cosa me ha fascinado de Mallorca es que todas las especies mediterráneas tienen cabida. Destaca el omnipresente olivo, pero también abundan los almendros, encinas, naranjos y limoneros, algunos campos de viña y también algún que otro níspero o higuera que crecen en terrenos rocosos donde pocas plantas pueden sobrevivir. Campos bien cuidados en que la piedra es la protagonista en forma de bancales y donde pastan las fornidas ovejas.






Nos animamos a caminar hasta la Cala Deià. Es un pequeño recorrido cuesta abajo de unos tres kilómetros que transcurren por el GR 221. Nos cruzamos con algún excursionista, y es que en esa parte de la isla las chanclas de playa dejan paso a las botas de montaña. En verano me imagino que la Cala debe estar muy concurrida porqué, según dicen, es una de las más bonitas de Mallorca. Tiene la fama bien merecida, con un agua clara, transparente, de un color esmeralda intenso. Hay dos pequeños bares, uno a ras de mar y el otro en un lugar más elevado que parece colgado sobre el acantilado. Nos sentamos a tomar un refresco y a contemplar el paisaje. Regresamos a Deià por el mismo camino y ahora, claro está, nos espera una buena subida pero que sin duda merece la pena.















Recuperamos el coche y seguimos por la Ma10 hasta Sóller que con sus casi 10.000 habitantes concentra bastante actividad. Coincidimos con el mercado semanal del sábado y las calles céntricas están colapsadas. Pasamos de largo y nos dirigimos a Fornalutx, una acertada decisión. Nos encontramos en la región de cultivo de cítricos y el pueblo está rodeado de campos de naranjos y limoneros, ahora en flor. Un agradable e inconfundible aroma de flor de azahar nos acompaña por las calles de Fornalutx. Unas calles de cuestas empinadas donde no faltan las macetas de flores multicolores, un regalo para los sentidos. Pasamos por el vecino pueblo de Biniaraix y de aquí nos dirigimos a Port de Sóller que está a unos 4 ó 5 kilómetros de Sóller, un hecho curioso que se repite en varias localidades mallorquinas. Los pueblos se encuentran básicamente en el interior, mejor protegidos, y sus correspondientes puertos se localizan a algunos kilómetros de distancia. Así pues, está Sóller y el Port de Sóller, Pollença y Port de Pollença, Andratx y Port d’Andratx, Alcudia y Port d’Alcúdia, Valldemosa y Port de Valldemosa y posiblemente alguno más.









El Port de Sóller está situado en una bahía que tras la renovación que se hizo en 2007, se ha convertido en un agradable lugar para pasear o simplemente para ver correr la vida desde una de las múltiples terrazas. Es hora de comer y escogemos un restaurante con una buena situación y vistas sobre el puerto donde degustamos un delicioso “arròs brouós” (o arroz caldoso) que vendría a ser parecido a la caldereta menorquina. De postre, un insuperable helado de naranja de Sa Fàbrica, una fábrica de helados de Sóller cuyo helado de naranja elaborado con la fruta local tiene fama en toda la isla.






Continuamos por la Ma10 que nos conduce hasta el punto más alto de la isla, el Puig Major, con 1445 metros. Las vistas desde aquí deben ser increíbles pero la espesa niebla nos impide ver más allá de tres palmos. Pasamos por los pantanos de Cúber y Gorg Blau y nos desviamos hasta el Monasterio de Lluc, un lugar de gran devoción para los mallorquines, donde se levanta una basílica dedicada a la Verge de Lluc. El monasterio es un complejo de los siglos XVII y XVIII que pertenece a los monjes de la Orden de los Misionarios del Sagrado Corazón. En el patio central se encuentra la basílica (1622- 1691) que alberga la imagen de la Virgen venerada. Un museo y un pequeño jardín botánico complementan la visita.








Seguimos ruta y pasamos de largo por Pollença y Port de Pollença en dirección al Cabo de Formentor. A pocos kilómetros nos detenemos en la bonita playa Cala Formentor, que para muchos es la mejor de la isla. La carretera continúa enfilando y a unos tres kilómetros se encuentra el Mirador de Sa Creueta desde donde se obtiene una bonita vista. Llegamos a la punta más septentrional de la isla, al extremo del cabo donde se encuentra el faro. Situado en un entorno de gran belleza, allí se funden las aguas del Mediterráneo y la Serra de Tramuntana.










Ya de vuelta nos quedamos en Pollença. El pueblo es un encanto, muy cuidado, con varios restaurantes acogedores que empiezan a llenar las primeras mesas para la cena. Velas sobre las mesas y macetas en los rincones. Destaca la larguísima escalinata que lleva hasta el calvario. Paseamos por las calles más céntricas hasta la Plaza Mayor donde se encuentra la Iglesia de la Mare de Déu dels Àngels. Es hora de misa y la gente acude al templo, gente mayor principalmente. Diría que la media de edad está alrededor de los 70 años. Se saludan unos a otros ajenos a los turistas que buscan mesa para cenar. Pero Pollença no es un destino de fish and chips, eso se encuentra más abajo, en el Port de Pollença. Aquí se ve un turismo selecto. De hecho, por aquí han pasado desde Wiston Churchill hasta Agatha Christie y como Deià también ha sido lugar que ha enamorado a artistas y escritores.
Descartamos la posibilidad de llegar hasta Alcúdia y regresamos a Valldemosa para la cena. Comemos el “pa amb oli” que no es más que pan con tomate y una deliciosa sobrasada mallorquina, queso de la región y otros embutidos, acompañado con unas cuantas "pansides" (nombre con el que se conoce a las aceitunas negras arrugadas). De postre, un buen pedazo de gateau, el típico pastel mallorquín elaborado con almendras.
¡Qué bien transforman los mallorquines los productos que les da la tierra!





13 comentarios:

  1. Ya echaba de menos tus posts, querida Maria Teresa!!! Y este es super completo. Conozco toda esa zona porque fui a Mallorca durante varios veranos. Y aunque hace muchos años de ello, me has hecho recordar perfectamente aquellos días.

    Muy bueno! Esperamos la segunda parte.

    Un beso fuerte,

    Sele

    ResponderEliminar
  2. Gracias Sele! Últimamente no sé lo que hago, pero no tengo tiempo para nada. A ver si me voy aplicando un poco más y sigo tu ejemplo ¡campeón!
    Me alegro de que el relato te haya transportado a tu infancia, siempre es agradable recordar los buenos momentos.

    Un beso y otro para Beck.

    M.Teresa

    ResponderEliminar
  3. Hola María Teresa:

    Lo que más me gusta de tus post es que sabes darles una mirada diferente y siempre positiva. Este, en concreto debería estar en muchos reportajes de viajes porque muestras una Mallorca que la gente cree ya no existe, pero que tu nos has hecho redescubrir.
    Enhorabuena y gracias.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Gracias Fernando,
    Siempre intento ver la parte positiva, es cierto, pero también creo que se está siendo un poco injusto con Mallorca porque realmente quedan rincones con mucho encanto. Además ¡tantos miles de alemanes no pueden estar equivocados!

    Un abrazo

    M.Teresa

    ResponderEliminar
  5. Noia, he leído tu relato, y parece que me has descubierto una Mallorca que nada tiene que ver a la que conocí hace ya unos años! Como siempre, las fotos PRECIOSAS, y se me ha hecho la boquita agua con el pà amb oli, la sobrasada....
    Petons!!

    ResponderEliminar
  6. Hola Carme,
    Gracias por tu comentario!. Un buen lugar para hacer una escapada con Indiana Leo.

    Petonets i bona setmana

    M.Teresa

    ResponderEliminar
  7. Una entrada muy interesante porque muestra una Mallorca que no suele aparecer en los folletos turísticos (cabo Formentor aparte) pero que es una parte muy real de la vida de los mallorquines, especialmente los del interior.
    A mí me evoca recuerdos de cuando hice la mili en esta isla, hace ya 25 años. ¡ Cómo pasa el tiempo !

    RICARDO.

    ResponderEliminar
  8. Hola Ricardo,
    Esta corta estancia en Mallorca me ha servido para darme cuenta una vez más que cada uno viaja de una forma distinta, que hay que dar un valor relativo a las opiniones de los demás, que los lugares hay que verlos en persona, que no todo es blanco o negro y que las cosas se ven del color según se miran. Me ha costado muchos años volver a Mallorca porqué me había hecho una idea horrible de la isla. Quizá por eso, porqué esperaba muy poco que me ha sorprendido gratamente.

    Muchas gracias por pasar por aquí. Saludos

    M.Teresa

    ResponderEliminar
  9. Creo que me están dando ganas de volverlo(a) a leer. Escribir sobre chanclas playa, sandalias y bañadores no es tan fácil como parece, y usted parece que no se ha ido por el camino sencillo para analizar estos temas.

    ResponderEliminar
  10. Bueno si tenìa alguna duda de por qué he elegido Mallorca para las vacaciones de este año se me acaban de disipar, muy bien narrado y con ganas de marchar.
    Nosostros nos alojaremos en Port d'Alcúdia, vamos con nuestros hijos y ellos quieren playa, pero sin duda la Serra de Tramuntana creo que és la mejor excursión que debe haber, aunque nosostros la tomaremos al revés..
    Gracias por el comentario tan bueno.
    Lina

    ResponderEliminar
  11. Hola Lina,
    Gracias por tu comentario. A Mallorca aun le quedan muchos rincones preciosos. Que disfrutéis las vacaciones.

    ResponderEliminar
  12. Hola Teresa, encontré tu blog por casualidad buscando rutas de viaje por la Tramuntana y mi pareja y yo hemos repetido la ruta que tú hiciste y describes en este post. Ha sido una maravillosa experiencia, por la cual te estamos muy agradecidos.

    Espero que sigas escribiendo crónicas tan descriptivas de tus viajes porque sinceramente son de mucha ayuda cuando viajas a un lugar desconocido.

    ResponderEliminar
  13. Hola Pako,
    No sabes cuánto que me alegra tu comentario. No puedo negar que me divierto mucho escribiendo el blog pero eso no quita que necesita bastante dedicación, por lo que en muchas ocasiones tengo ganas de abandonarlo.
    Comentarios como el tuyo son una dosis extraordinaria de energía para seguir. Viendo que ha sido de utilidad aunque sea a una sola persona ya me doy por satisfecha. Muchas, muchas gracias.

    Un abrazo

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.