jueves, 6 de noviembre de 2008

Mulay Idris y Meknés


Visitando las ruinas de Volúbilis se nos fue prácticamente toda la mañana, pero merece realmente la pena dedicarle el tiempo que la ciudad se merece.
Salimos en dirección a Mulay Idris que se encuentra a tan sólo 4.5 kilómetros. Las encaladas casas se van distribuyendo sobre dos colinas que parecen las gibas de un camello. Alí el taxista, nos llevó a la parte más elevada del pueblo para obtener unas bonitas vistas generales. Mulay Idris es una ciudad santa y tomó el nombre del bisnieto de Mahoma y fundador de la primera dinastía real del país que huyó de La Meca a finales del siglo VIII, perseguido por el recién instaurado califato abasí. Idris se estableció en Volúbilis, donde convirtió al Islam a los habitantes de la ciudad y se autoproclamó como su líder. A partir de ahí, prosiguió su labor hasta fundar la primera dinastía imperial de Marruecos.







Sólo hace unos 70 años que se permite la entrada a la ciudad a los no musulmanes, pero al igual que en el resto del país no se pueden visitar las mezquitas ni los santuarios pero tampoco se puede hacer noche en el lugar. Después de una rápida visita nos dirigimos hacia Meknés (o Mequínez) que se encuentra a 28 kilómetros. Decidimos que ya era una buena hora para comer y Alí nos dejó en un restaurante de la carretera, en la parte nueva de la ciudad. No había ni un solo cliente y aquello no nos gustó demasiado. Salió a recibirnos parte del personal y nos indicaron que escogiéramos mesa. De hecho, las teníamos todas a nuestra disposición, sin embargo, antes de sentarnos pedimos la carta y nos pareció escandalosamente caro para un sitio sin ningún tipo de encanto. Supongo que es el típico restaurante donde paran los autocares y más de uno se debe llevar buenas comisiones. Educadamente dijimos que no nos interesaba y le pedimos a Alí, el cual estaba visiblemente enfadado, que nos acercara a la plaza central de Meknés.
La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, un año antes que el sitio arqueológico de Volúbilis.






Ya situados en la gran plaza el-Hedim, buscamos algún sitio para comer. El lugar es muy agradable y destaca, magnífica, la puerta de Bab el- Mansour, la entrada principal de la ciudad imperial de Mulay Ismail, el sultán que hizo de Meknés su capital en el siglo XVII. Las tiendas de cerámica y artesanía se van alternando con los puestos de comida y las terrazas de los pequeños restaurantes. Nos sentamos en una de las terrazas y pedimos un delicioso tajine de pollo. Vemos a Alí merodeando por la zona y le invitamos a comer con nosotros, lo cual acepta gustoso. De todas formas, es un hombre serio y de pocas palabras y se limita a los monosílabos. Los gatos van refregándose por debajo de las mesas a la espera de que alguna alma caritativa les solucione el día. Nos entretenemos mirando un gato que lleva en la boca a un ratón y el felino lo va soltando y atrapando hasta que el pobre animalillo cae extenuado.






Después de comer nos morimos de ganas de perdernos por la medina que se encuentra al norte de la plaza el-Hedim, mientras que la ciudad imperial está situada al sur de la misma. La medina es una mínima expresión de la de Fez, pero no por ello es menos interesante. Vamos encontrando bonitas fuentes de azulejos, puertas labradas, algunas mezquitas y los negocios de alfombras, pieles, cerámicas… Aquí, el personal no es tan insistente como en Fez y se agradece.
Visitamos la madrasa Bou Inania (10 Dirhams) que se encuentra enfrente de la Gran Mezquita. Hace pocos meses que ha finalizado su acertada restauración y es un buen lugar para admirar el exquisito diseño interior que caracteriza a los monumentos benimerines. Se puede acceder a la azotea desde donde se ve una bonita estampa del tejado de cerámica verde y el minarete de la Gran Mezquita.
Después de callejear un buen rato nos dirigimos hacia la ciudad imperial y vamos directamente a visitar el mausoleo de Mulay Ismail. La entrada es libre, aunque las propinas se aceptan con gusto. La ornamentación es exquisita y la rica decoración marroquí luce con todo detalle. Cerca de aquí se encuentra el Koubba as-Sufara, (10 Dirhams), un antiguo salón de recepciones de los embajadores extranjeros. Por un pasadizo se desciende a un inmenso granero subterráneo que, según nos cuenta el guía se utilizaron como calabozos.






Aunque un poco alejados, merece la pena visitar los graneros de Heri es-Souani (10 Dirhams). Con un ingenioso diseño de pequeñas ventanas, gruesos muros y un sistema subterráneo de canalización de aguas, mantenían la temperatura fresca y el aire en circulación. Aquí se almacenaban el grano y el heno para alimentar a los 12.000 caballos del sultán. Una parte ha sido restaurada pero la mayor parte de bóvedas se encuentra aun en ruinas. La vegetación se ha ido apoderando del lugar y le confiere un aspecto muy interesante. Así lo debió pensar también Martin Scorsese cuando decidió situar en este lugar algún escenario de la película ”La última tentación de Cristo”. En la parte norte se halla el estanque de Agdal que servía como lugar de recreo para el sultán y depósito de agua de riego para los jardines.
Empieza a oscurecer y se nota que Alí está cansado con ganas de regresar a casa. Emprendemos el camino de regreso a Fez que se encuentra a unos 60 kilómetros de Meknés, momentos que aprovechamos para descansar y recordar todo lo que hemos vivido a lo largo del día.

1 comentario:

  1. Liberto Brau, del clan literario de Pau Llanes (Arterapia Sentimental), les anuncia e invita a la inauguración de su blog “Amanece púrpura”. Se trata de una novela en proceso que el autor irá publicando capítulo a capítulo, semanalmente, si se cumplen sus expectativas tanto de lectores como de apoyos en sus comentarios. Para ello recomienda leer entre otros textos de introducción el “Acuerdo del autor con sus lectores”. Ojalá la lectura de este primer capítulo de “Amanece púrpura” les agrade lo suficiente como para motivar sus palabras y comentarios, sostener la espera de nuevas entregas mientras tanto y formar parte de su lista de blogs favoritos. Gracias por su atención y curiosidad, por su lectura, por sus palabras… Y disculpen esta entrada así de sopetón en sus casas; no quiero que crean que lo utilizo como un tablón de anuncios… Me tomé la libertad de hacerlo por la confianza y hasta cierto punto complicidad que me da habernos leído algún día (aun anónimos y silenciosos) y por la oportunidad que nos brindó Arterapia Sentimental para encontrarnos alguna vez en nuestra dispar vida de bloggers… Liberto Brau

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